Resultados diferentes antes las pruebas: ¿Discípulo o Seguidor?

Cada vez que escuchamos la Palabra, es con el propósito de conocer la voluntad de Dios y ponerla por obra. Por tal razón, la diferencia entre uno que solo oye, y otro, que oye y hace, se deja ver de manera significativa, cuando ambos son sometidos a algunas dificultades o pruebas.

En Lucas 6:46-49, podemos observar como dos personas pueden recibir la Palabra de Dios en un mismo escenario, pero tener resultados diferentes ante pruebas similares y es un momento de reflexión para nosotros. ¿Cómo estamos reaccionando en medio de las situaciones y conociendo la Palabra de Dios?

Jesús hace una pregunta: ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? En otras palabras, Jesús está diciendo: – no me llames, Señor, si no estás dispuesto a hacer lo que yo digo. Porque Dios espera que pongamos en práctica lo que oímos. El evangelio de Jesucristo, no consiste solo en teoría, sino, en práctica, vivencia, demostración del carácter de Cristo en nuestras palabras, acciones y relaciones.

Si en verdad Jesucristo es nuestro Señor, debemos estar bajo su gobierno, autoridad, voluntad e instrucción. Por tal motivo, Dios espera que seamos discípulos y no solo seguidores.

Muchas personas tienen disposición para escuchar lo que el Señor dice, pero se quedan en esa fase. Oír es importante, pero solo aplicando lo que oímos a lo que hacemos, experimentaremos crecimiento y consistencia en toda nuestra vida. Al que oye y hace, Jesús lo compara con un hombre prudente, que puede evitar que se arruine lo que construye.

¿Qué hizo el hombre prudente en la Biblia?

Podemos encontrar la respuesta en Mateo 7:24-27. Este hombre invirtió tiempo y esfuerzo en cavar profundo hasta encontrar la roca que le darían soporte a su casa, y luego puso su fundamento sobre esta, porque la profundidad y consistencia de los cimientos va a determinar lo grande de la construcción, y la resistencia que tendrá ante los embates del tiempo y el clima.

Cavó hasta lo profundo, día tras día, hasta hallar la roca, en donde iba a sostener su vida, su familia, su generación. Puso un fundamento firme y fuerte, porque conoce los riesgos que pueden causar ruina a lo que está construyendo.

Un creyente sabio busca la presencia de Dios con diligencia, porque conoce la riqueza que obtiene al vivir en dependencia de él. Por tal motivo invierte tiempo en la búsqueda de Su presencia, orando, escudriñando la Palabra con el propósito de ser edificado.

¿Qué hizo el hombre necio en la Biblia?

Edificó su casa sobre la tierra sin ningún fundamento, lo podemos ver en Lucas 6:49, y al ser golpeado por el río impetuoso y los vientos, la casa se cayó, quedando totalmente arruinada. Jesús compara a este hombre con todo aquel que solo oye la Palabra y no la práctica.

El hombre que construyó su casa sin cimientos, solo trabajó en la apariencia, pero no en la consistencia. Quiso ahorrar trabajo, esfuerzo y dinero, pero su falta de inversión, le salió caro. Este hombre necio representa a los que ponen su fundamento en las obras, en los dones, talentos, pero sin carácter. Al inmaduro que quiere todo rápido, sin mayor esfuerzo, movido por la gratificación del momento que no le permite evaluar los riesgos y las pérdidas a futuro.

Es tiempo de reflexionar y preguntar: ¿A quién eres semejante?

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