alfred-nobel-reflexionesNunca eres demasiado viejo para cambiar

“…SINO TRANSFORMAOS POR MEDIO DE LA RENOVACIÓN DE VUESTRO ENTENDIMIENTO…” (Romanos 12:2)

Chuck Swindoll dice: “Te estás haciendo viejo cuando:

(a) las azafatas te ofrecen té, café o leche de magnesia;

(b) hincas los dientes en un filete jugoso, y se te quedan ahí clavados;

(c) hay más pelos en el lavabo que en tu cabeza;

(d) tienes todo lo que siempre tuviste, pero ahora todo está unos diez centímetros más abajo.” Y añadamos a eso:

cuando ya no estás dispuesto a cambiar. Ya sabes, cuando has terminado de cambiar, ¡estás acabado! Alfred Nobel fue un químico sueco que se hizo rico con su invento de la dinamita y otros explosivos usados para armamento.

Cuando murió su hermano, un periódico publicó por error la esquela de defunción de Alfred. Lo describía como un hombre que se había hecho rico facilitando que las personas se mataran unas a otras en números sin precedentes. Profundamente conmovido, decidió usar su fortuna para premiar logros que beneficien a la humanidad – de ahí viene el Premio Nobel. Nobel tuvo la oportunidad poco común de reevaluar su vida hacia el final de la misma y aun vivir el tiempo suficiente para hacer algo por cambiarla.

El actor cómico Jerry Lewis bromeaba diciendo que su mejor regalo de bodas había sido una película de toda la ceremonia de matrimonio. Decía que cuando las cosas no andaban bien en casa, solía encerrarse en una habitación, cerrar la puerta, rebobinar la película ¡y salir soltero! Dudo que tú puedas hacer eso, ni tampoco leer tu esquela de defunción en el periódico. Sin embargo, puedes escoger cambiar, y cuando el cambio es fructuoso, mirarás hacia atrás y llamarás a eso crecimiento.