Año Nuevo En La Biblia: Este año vive de acuerdo a los Principios Bíblicos

“BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU…” (Mateo 5:3)

Durante los próximos días vamos a meditar en las Bienaventuranzas y en las enseñanzas que se desprenden de las mismas. Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).

Jesús no dio a entender que no quiere que tengas dinero, sino que el dinero no debe dominarte. Él te va a prosperar para que cuentes con las finanzas suficientes para cumplir tu propósito en esta tierra. Pero no mide el tamaño de tu fe por el estado de tu cuenta corriente. En una de sus parábolas, Jesús llamó “necio”, a un rico, no porque fuera adinerado, sino porque “…no [era] rico para con Dios” (Lucas 12:21).

John D. Rockefeller, el famoso billonario, dijo en una ocasión:

“He ganado millones y millones, pero el dinero no me ha dado la felicidad. Lo cambiaría todo por los días en los que estaba sentado en un escritorio en Cleveland y me consideraba rico porque ganaba tres dólares semanales”.

Tener más dinero te podrá dar un estatus social, pero servir a Dios te dará un sentido de importancia dentro del Reino; ¡hay una gran diferencia!

Por lo tanto, céntrate en lo que de verdad importa y vive por lo perdurable. En Kemi, Finlandia, construyeron un gran castillo de hielo, con un teatro, un parque infantil, una galería de arte y una capilla. Los muros del castillo medían casi cinco metros de alto y cubrían una superficie de más de medio kilómetro.

La capilla fue muy solicitada para celebrar bodas y el teatro tenía capacidad para 3.000 personas. En él se celebraron conciertos de rock, musicales, y recitales de ópera y de danza contemporánea.

El problema era que mantenerlo costaba millones de dólares; y lo peor de todo, se deshizo cuando llegó la primavera. ¿Te das cuenta? Así pues, pon todos tus esfuerzos en lo que permanece, no en lo que se desvanece.

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El Año Nuevo En La Biblia

Lecturas Bíblas Para Final de Año

“BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN…” (Mateo 5:4)

Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados” (Mateo 5:4 LBLA).

El duelo es el precio que pagamos por el amor. Dice un escritor:

“Nos preguntamos por qué el duelo es tan duro. ¿Por qué tuvo que morir ese ser querido? ¿Fue para recordarnos la brevedad de la vida? ¿Fue para fortalecer la fe de los que quedaron?

Es difícil responder afirmativamente a esos interrogantes cuando estás en medio de la oscuridad. Lo que más deseamos en tales momentos es deshacernos de la pena. Sin embargo, cuando hacemos frente a la adversidad, en lugar de evitarla, aceptamos la situación de manera diferente y dejamos que ésta nos moldee.

Como José, vemos cómo Dios puede usarnos para fines mayores. En última instancia, el duelo es enfrentar la aflicción en presencia del Único que puede sanarnos”.

La Biblia dice: “Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5). Llegará la mañana; ¡Dios lo ha prometido!

Tu pena se aliviará con el tiempo. El hecho de que estás dispuesto a afrontar el duelo, en lugar de escapar de él, es la garantía de que vas a salir de él.

No significa que vayas a olvidar, sino que recordarás las cosas de otra manera, con más gratitud y menos sufrimiento. La bienaventuranza de arriba da pie a dos preguntas más:

1) ¿Qué ocurre con los que mueren en el Señor? “No se turbe vuestro corazón… En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros… para que donde yo esté, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

2) ¿Qué pasa con nosotros, que tenemos que seguir viviendo? “…Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación…” (2 Corintios 1:3-4).

Salmos Para El Año Nuevo: Bienaventuranzas

“BIENAVENTURADOS LOS MANSOS…” (Mateo 5:5)

En un mundo donde se valora el poder y el dominio, la mansedumbre es a veces considerada como debilidad. Pero la definición de Jesús evoca la imagen de un majestuoso pura sangre que ha sido domado.

No es que el caballo haya perdido toda su fuerza, sino que allí donde antes manifestaba una voluntad descontrolada, ahora se somete a la autoridad del jinete.

Ha sido “quebrado” y ahora responde al tiro de las riendas. Las características de la mansedumbre son:

1) Ser sensible a Dios

En un buen matrimonio, los cónyuges entienden las necesidades del otro sin necesidad de verbalizarlas. Gracias al tiempo pasado juntos, saben bien qué cosas los enriquecen, y por ese amor mutuo cuidan de su matrimonio como tarea primordial. Lo mismo sucede en tu relación con Dios.

2) Rendirse a la voluntad de Dios

La clave para romper hábitos obstinados no es luchar contra ellos en tus fuerzas, puesto que lo único que logras es agravar el problema y sus repercusiones.

Ya se trate de una situación difícil o de un complejo, para tener victoria sobre ellos, la clave está en cambiar tu punto de mira y someterte a Dios a cada momento. “No que estemos capacitados para hacer algo por nosotros mismos; al contrario, nuestra capacidad proviene de Dios” (2 Corintios 3:5).

3) Someterse a los propósitos de Dios

Para entender la diferencia entre sumisión y egoísmo, medita en las siguientes palabras:

“Y vienen a ti como viene el pueblo, y están delante de ti como pueblo mío. Oyen tus palabras, pero no las ponen por obra, antes hacen halagos con sus bocas y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (Ezequiel 33:31).

Citas Bíblicas Para Un Nuevo Comienzo (Año)

“BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA…” (Mateo 5:6)

Esta bienaventuranza corrige dos errores de interpretación que cometemos respecto a la salvación. El primero, la salvación es sólo creer; el segundo, la salvación es sólo hacer. En realidad, es las dos cosas.

El nuevo nacimiento:

1) Nos da la posición de ser justos.

Si apilaras todas tus obras hasta que fueran tan altas como una montaña, aun así te quedarías corto del pago que se necesita para ir al cielo. Así fue antes de ser cristiano, y así es ahora que lo eres.

Si viste la película “La Pasión de Cristo” y pensaste: ‘¿Por qué tuvo que morir Jesús esa muerte tan espantosa?’, aquí está la respuesta:

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). En el momento en que aceptas a Jesús como tu Salvador, Él te hace “justo” a los ojos de Dios. ¡Increíble!

2) Nos concede la condición de ser justos.

“Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios…” (Romanos 6:11).

La salvación no es sólo la posición de justo que ostentas delante de Dios, sino también la condición de justo para poder vivir como tal todos los días de tu vida. ¿Cómo se consigue?

Anteponiendo la voluntad de Dios a la tuya (Proverbios 3:5) y demostrando las características del cristiano expuestas en la Escritura:

“…Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gálatas 2:22-23).

Seguro que piensas: ‘¡Pero eso es casi imposible!’ Es verdad, pero no lo hacemos solos:

“…Somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Versículos de la biblia de fin de año

“BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ALCANZARÁN MISERICORDIA” (Mateo 5:7)

Herir a tu enemigo te coloca debajo de él; vengarte, te iguala a él; perdonar te pone por encima de él. La Biblia dice: “No os venguéis vosotros mismos… sino dejad lugar a… Dios…” (Romanos 12:19).

La venganza no es dulce, sino que deja un sabor amargo y te pone en tal estado de resentimiento que no puedes disfrutar las bendiciones de Dios. No permitas que te suceda eso. En su lugar:

1) Decide perdonar y olvidar.

La falta de perdón te obliga a caminar en el sendero del resentimiento. ¿Por qué te importa tanto hacer ver que estás en lo cierto y que no tienes culpa mientras que los otros son los que fallaron?

Si tienes razón pero estás amargado, ¿de qué te sirve?

Escucha la palabras de Jesús: “…Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” (Mateo 6:14). Decía Carlos Spurgeon:

“Cuando entierres a un perro rabioso, no dejes la cola afuera”. Por lo tanto, perdona, entierra la ofensa y sigue adelante.

2) Trata con las raíces de tu ira.

A veces el enojo proviene de algún trauma interior que se exterioriza. Los arrebatos de ira a menudo revelan algo más profundo.

Así pues, en lugar de confrontar a la persona que te lastimó, descargas en aquellos cercanos a ti. Pídele a Dios que te revele la raíz del problema, y trata con la misma.

3) Recupera el verdadero poder.

La misericordia te sana, pero la falta de perdón te convierte en eterna víctima. Y mientras te obsesionas por algo que pasó y planeas venganza, la otra persona está disfrutando de la vida tranquilamente.

Dios ha prometido hacerte justicia, así que deja el asunto en Sus manos. En realidad, las únicas personas a quienes deberías aspirar a igualarte e imitar son ésas que te han ayudado.

Fiesta de Año Nuevo En La Biblia

“BIENAVENTURADOS LOS DE LIMPIO CORAZÓN…” (Mateo 5:8)

Haz de tu corazón una “zona controlada”, porque lo que ocurra en él determinará tu forma de enfrentar la vida. Cuando se trata de personas, pasatiempos y persecución de metas, no te abras a nada que tenga el potencial de esclavizarte o de hacerte cínico o insensible.

Si lo haces, estarás cerrando la puerta a las bendiciones de Dios. En el libro titulado Mi Salvador y Vecino, Max Lucado escribe: 

“El paisaje era llano y monótono, por lo que la refinería en la distancia se erigía como una ciudad de ciencia ficción. La función de ese laberinto de maquinaria está definida en su nombre. Una refinería absorbe todo lo que entra, lo purifica y lo envía afuera.

Ésta hace con el petróleo crudo lo que el corazón debería hacer en tu interior: eliminar las impurezas y usar lo bueno.

Jesús dijo: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno…” (Lucas 6:45).

Eh aquí unas preguntas que podrías hacerte: ‘Cuando me critican o no me hacen caso, ¿me ofendo o me muerdo la lengua?

Cuando estoy demasiado cargado, ¿pierdo los estribos o me controlo? Cuando oigo chismes, ¿echo más leña al fuego, los acallo o los difundo?

Cuando alguien me ofende, ¿le guardo resentimiento o perdono?’ Todo eso tiene que ver con la condición de tu corazón.”

Si tu corazón ha sido purificado, empezarás a ver a Dios en personas, lugares y situaciones donde antes no lo veías. El salmista, conocedor de primera mano de los peligros de la enfermedad espiritual, escribió: 

“¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio…!” (Salmo 51:10). Si tienes necesidad de una purga espiritual, pasa tiempo en la presencia de Dios.

Dios y El Año Nuevo

“BIENAVENTURADOS LOS PACIFICADORES.” (Mateo 5:9)

En una ocasión dos hombres estaban discutiendo acaloradamente acerca de la religión. Por fin uno gritó: ‘¡Vale, tú sirves a Dios a tu manera y yo le sirvo a Su manera!’

Cuando nuestras opiniones están por encima del amor al prójimo, acabamos alejando a los demás. Muchas veces el objeto de nuestras discusiones es una nimiedad. Jesús dijo:

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:35). No basta con querer la paz, tienes que ser un pacificador.

Cuando hubo desavenencias en el Nuevo Testamento acerca de si comer o no comer ciertos alimentos, Pablo salió al paso: 

“Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es impuro en sí mismo; pero para el que piensa que algo es impuro, para él lo es.

Pero si por causa de la comida tu hermano es entristecido, ya no andas conforme al amor. No hagas que por causa de tu comida se pierda aquel por quien Cristo murió.

No deis, pues, lugar a que se hable mal de vuestro bien, porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por los hombres. Por lo tanto, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación… Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba” (Romanos 14:13-22).

Pensamiento Bíblicos de Fin Año

“BIENAVENTURADOS LOS QUE PADECEN PERSECUCIÓN POR CAUSA DE LA JUSTICIA…” (Mateo 5:10)

En el Parque Nacional de Yellowstone (EE.UU.), hay un curioso pino llamado “Logdepole”. Sus piñas se quedan en el árbol durante años. Y aun después de caer al suelo siguen cerradas.

Sólo se abren cuando están expuestas a un calor intenso. Cuando se produce un incendio forestal y los árboles se queman, el calor abre las piñas.

Lo curioso es que éstas son los primeros elementos que ayudan a la naturaleza a repoblar el bosque. Jesús dijo a sus discípulos: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10).

Dentro de cada uno de nosotros hay un potencial que sólo sale a la luz en medio de la presión intensa o de la prueba de fuego.

Job comprobó tal realidad cuando Dios permitió que satanás lo probara. El patriarca perdió todo lo que tenía, incluido a sus hijos. Y por si fuera poco, tuvo que soportar el desdeño de su esposa y de sus amigos a causa de su fe inquebrantable.

Cuando acabó la prueba, Job, que recibió el doble de lo que había perdido, oró así: “De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5).

Una cosa es oír cómo actúa el Señor basado en la experiencia ajena, y otra es experimentarlo de primera mano, cuando te preguntas: ‘¿Qué hice para merecer esto?’ o cuestionas: ‘Si Dios está aquí, ¿por qué me pasa esto?’

Pues por tres razones:

1) Porque es en medio del fuego donde descubres las diversas facetas del carácter y del cuidado de Dios.

2) ¿Qué es lo que transforma el humilde carbono en diamantesí ¡El calor y la presión!

3) En el fuego de la prueba te das cuenta de que aunque los demás te abandonen, Dios sigue siendo fiel.