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La Necesidad de Predicar el Evangelio

predicar-evangelio-necesidad“Sin embargo, cuando predico el evangelio, no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!” 1 Corintios 9:16 (NVI)

La Necesidad de Predicar el Evangelio

Una necesidad para una persona es una sensación de carencia unida al deseo de satisfacerla. Las necesidades son la expresión de lo que un ser vivo requiere indispensablemente para su conservación y desarrollo. En psicología la necesidad es el sentimiento ligado a la vivencia de una carencia, lo que se asocia al esfuerzo orientado a suprimir esta falta, a satisfacer la tendencia, a la corrección de la situación de carencia.

Usamos esta palabra con frecuencia para decir las cosas que deseamos. Hay cosas que necesitamos que son imprescindibles. Como el agua o el aire. No podemos vivir sin ellas. Hay otras cosas que necesitamos, según donde vivamos. Un abrigo es necesario en la Patagonia Argentina, pero en Ecuador no es necesario. A veces necesitamos un descanso. No es imprescindible, pero es recomendable.

Dios plantea su concepto de necesario taxativamente en la Biblia. Y este es un claro ejemplo. Para Dios predicar el evangelio es una necesidad. Es indispensable para Dios. No es algo que dependa del lugar donde vivamos, o que sea conveniente o recomendable para estar mejor. Es vital, una cuestión de vida o muerte. Y literalmente lo es.

Lamentablemente los cristianos de occidente nos aburguesamos. Y hemos perdido la pasión por predicar el evangelio. Lavamos nuestras culpas asistiendo el domingo a la noche al culto de predicación. Pero nunca invitamos a nadie. Nunca le predicamos a nadie. Nuestros vecinos o compañeros de trabajo ni sospechan que seamos cristianos. Lo tenemos bien escondido.

Y lo que para Dios es algo imprescindible, para nosotros es algo sin importancia. Lo manejamos como algo secundario, sin prioridad. Desestimamos lo que Dios piensa al respecto y hacemos lo que sentimos o nos queda más cómodo. ¿Cuándo fue la última vez que le predicaste el evangelio a alguien? ¿Cuántos se convirtieron por tu predicación personal? ¿A cuantos invitaste para que asistan a un culto en tu iglesia?

Si las respuestas se pueden contar con los dedos de una mano, es tiempo de cambiar. Para Dios es indispensable predicar. Es una necesidad primaria y prioritaria. Por eso nos impone esta obligación. Debemos predicar. Hoy, mañana y cada día. Para Dios es impuesta necesidad, ¿y para vos?

REFLEXIÓN – ¿Cuáles son tus necesidades?

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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