¿Gloria de los hombres o gloria de Dios?

Amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Juan 12:43.

No nos hagamos vanagloriosos. Gálatas 5:26.

Muchas personas buscan la gloria y consagran a ello su energía y su tiempo. La vanidad y el orgullo sacan provecho de esto. ¡Qué diferencia con Jesús, hombre perfecto en la tierra, quien ¡no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo! (Filipenses 2:6-7).

Hombres poderosos crearon imperios por la fuerza; Jesús formó una familia espiritual por amor.

En honor a personajes célebres se erigen monumentos y mausoleos. La tumba de Jesús está vacía e incluso no se sabe con certeza dónde se halla.

Sin gran éxito algunos procuran transformar la sociedad; pero Jesús cambia los corazones.

Otros dejan tras sí obras para perpetuar su nombre; Jesús edificó una casa espiritual, su Iglesia, la cual revolucionó al mundo.

La gente que tiene éxito en la vida generalmente se enriquece por ese mismo hecho. En cambio Jesús fue despojado hasta de sus vestidos.

Una muchedumbre de admiradores aclaman a las estrellas del deporte, de la música? Jesús no escribió nada y sólo tenía un puñado de discípulos. Nunca aceptó la menor gloria de parte de los hombres incrédulos. Su única meta era glorificar a Dios su Padre.

La gloria humana es terrenal y efímera (1 Pedro 1:24). Hoy y por la eternidad, Jesús está coronado de gloria y de honra, y por la fe podemos contemplarlo (Hebreos 2:7 y 9).