El Pacto desconocido entre David y Jonatán

 

pacto-de-Dios-bibleEl Pacto desconocido entre David y Jonatán 

Un pacto, de acuerdo al diccionario es un “acuerdo”, un “contrato” que se lleva a cabo en forma bilateral, sea entre dos personas, dos naciones o una persona y un grupo social. En la Biblia, además de esta relación contractual, existe otra asombrosa: la que se da entre Dios y su pueblo. Pero ¿cómo comprender de qué tamaño es ese Pacto que Dios ha hecho con el hombre, con su pueblo y con cada persona en lo individual? ¿Qué sucede en nuestras vidas cuando ignoramos la dimensión y certeza de ese acuerdo, o simplemente minimizamos esa acción proveniente de Diosí
Las historias en la Biblia sirven para ilustrar la Voluntad de Dios; es decir, a través de la vida de los hombres ella nos enseña más fácilmente lo que el Señor desea para nosotros. Así, la vida del rey David es elegida para enseñarnos el gran amor de Dios hacia nosotros. Esta es la historia.

El pacto de David y Jonatán

Un día David hizo un pacto con Jonatán, consistente en lo siguiente: Jonatán avisaría a David en caso de que Saúl quisiera matarlo, y David (en caso de levantarse como rey) a guardar las palabras de Jonatán en estos términos: “No dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David.” Dice la Biblia que: “Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David” (1 Samuel 20: 1-17) Pero ¿cumplirían ambos su parte del acuerdo?

Veinticuatro años transcurrieron. En ese tiempo Jonatán murió en batalla al lado de su padre Saúl; David poco a poco fue ascendiendo en fama y poder. Ganó grandes batallas, fue nombrado rey de Judá y finalmente de todo el reino de Israel. Tenía poder, prestigio, fama…todo lo que un hombre puede desear. ¿A quién se le ocurriría recordar un compromiso después de tanto tiempo? Pues… a David.
Un día el rey se levantó y recordó aquel pacto con Jonatán. Preguntó a sus siervos si acaso habría alguien de la casa de su querido amigo a quién el rey pudiera hacer misericordia. Le dijeron que sí: en las montañas de Lodebar vivía uno de los descendientes, hijo de Jonatán, llamado Mefiboset (2 Samuel 8:9-4)

El Pacto en Cristo Jesús

Dios, en Cristo Jesús, ha hecho un pacto de salvación, libertad y gozo con cada uno de nosotros. El costo de ese acuerdo ha sido la vida de Su Hijo. A diferencia del pacto entre David y Jonatán, esta promesa de Dios se ha llevado a cabo de forma unilateral, es decir, Cristo ha cumplido en Él su parte y la nuestra también: la que jamás podremos pagar debido a nuestra naturaleza pecaminosa. Jesucristo ha cumplido el doble papel de sacerdote y sacrifico, de rey y siervo: no es el hombre quien se acerca a Él sino el mismo Dios quien nos busca. La pregunta es: ¿hemos aceptado y realizado este pacto ofrecido por Él a nuestras vidasí 
Con mucha frecuencia vacilamos. Creemos que Dios se ha olvidado de cumplir su parte. ¿Cuánto tiempo ha esperado usted? ¿Cinco, diez, veinte añosí O tal vez, simplemente su situación actual es desgraciada porque hasta ahora desconoce usted que Dios se ha comprometido a transformar su vida de manera radical. Como enseña la historia de David, Dios no olvida sus promesas…Él está atento al cumplimiento de lo que habla. La historia de Mefiboset es también nuestra historia.

Mefiboset el inválido.

¿Quién era este Mefiboset a quien David estaba a punto de hacerle misericordia y de cambiar el rumbo total de su vida? Ya se dijo que era hijo de Jonatán. Pero, además de haber pertenecido a una descendencia real, Mefiboset (quien a la fecha tendría unos 29 años) era paralítico. No sólo eso, sino que su vida había transcurrido durante su infancia y juventud en uno de los lugares más indeseables del reino: las montañas de Lodebar: un lugar frecuentado por los inválidos, los pordioseros, los perseguidos políticos y demás marginados por la sociedad. Allí habitaba Mefiboset, y lo hacía debido a un absurdo malentendido, o, si se quiere, una verdadera ignorancia activa.
Cuando leo la historia de este hombre, no puedo dejar de pensar en la mía. Al igual que Mefiboset, en vez de vivir como el hijo de un rey, me dediqué por mucho tiempo a frecuentar los barrios de los destituidos del reino de Dios. Todo por ignorancia. Porque, de hecho, eso era precisamente lo que suce dió a Mefiboset: desconocer que David había hecho un pacto con su padre Jonatán, y que su vida hubiera sido muy diferente de haberse enterado a tiempo de ese acuerdo entre los amigos.

Las consecuencias del desconocimiento.

¿Cómo es que Mefiboset llegó a estar inválido? ¿Cómo es que su destino cambió tan desgraciadamente debido a su ignorancia de la palabra de Diosí. Una breve cronología de los hechos puede ayudarnos a comprender.
En la decadencia de su reino, el rey Saúl enfrentó la última de sus batallas contra los filisteos. Al ser derrotado sucedieron varias cosas: Saúl se suicidó, Jonatán fue muerto, el ascenso de David era inminente y, finalmente, la casa de Saúl entró en pánico pensando en que el nuevo rey les cortaría la cabeza a todos…Ellos ignoraban que, aun cuando Saúl hubiera muerto y asimismo Jonatán, existía un pacto a través del cual David perdonaría todas las vidas y pertenencias que tuvieran que ver con Jonatán. Pero, alguien dice, que la “necesidad y la ignorancia tienen cara de hereje”. Así es que, bajo este desconocimiento total de perdón y misericordia, la familia de Saúl salió huyendo apresuradamente de la casa real. Allí comenzó la desgracia de Mefiboset. Dice 2 Samuel 4:4 que Mefiboset “tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezrel la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza lo tomó y huyó, y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó [Mefiboset] y el niño quedó cojo”. ¡Qué desgracia!

Pero ¿Qué habría sucedido si la familia hubiera sabido que las intenciones de David eran no de castigo sino de misericordia, de amor, de protección y cuidado para el niño y toda la casa de Saúl? El destino de muchos de nosotros ha estado marcado de igual forma. Muchas veces yo salí huyendo de situaciones diversas, me apoyé en mi propia sabiduría, me alejé pensando en la ira y el enojo…y caí en desgracia…No sabía o simplemente hacía yo oídos sordos al nuevo pacto de Jesucristo para mi vida. Mi vida llegó a ser como la de Mefiboset, en donde todo se volvió oscuro: de tener un destino como rey, llegó a ser un mendigo; en vez de cabalgar un brioso caballo blanco, ahora era un inválido transportado a brazos de unos pordioseros como él; de haber estado comiendo de las jugosas viandas, traídas de los mejores huertos y mataderos, ahora debía conformarse con las migajas que le arrojaba gente que le tenía lastima. Un destino por otro debido a lo absurdo de la ignorancia. ¿Se parece la vida de Mefiboset a la suya? ¿Vive usted en desgracia creyendo que ese es el destino que le tocó vivir? ¡Anímese! Dios, en Cristo Jesús le ha prometido una vida abundante si usted lo hace su Señor.

El costo del llamado y la restauración.

Al igual que David tuvo misericordia de Mefiboset y lo hizo traer a la casa real y lo sentó a la mesa a comer con él, así Cristo Jesús nos ha buscado y traído a su reino y nos ha sentado a compartir con él. La cosa no ha sido fácil. La decisión de David no estuvo exenta de dificultades…De hecho, el rey tuvo que (como se dice coloquialmente) tragarse sus propias palabras. Cuenta 2 Samuel 5:5-8 que cuando David en batalla iba a tomar la ciudad de Sión, sus enemigos hicieron mofa de él y de su ejército, y le dijeron que a ese grupo de desarrapados hasta un ciego y un cojo los derrotarían. Cuando David triunfa, enojado e indignado, emite un decreto que a la letra decía:“Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y a los ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrarán en la casa” (vers. 8) En otras palabras, Mefiboset tenía prohibido (por ser paralítico y deforme) entrar a donde el rey habitaba. Entonces ¿cómo conciliar este asunto entre la palabra jurada de David y su necesidad de misericordia para Mefiboset? ¿Habría solución a tal dilema?

La Biblia enseña que ésta es la misma situación nuestra delante de Dios Dice el apóstol Pablo que“Por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Ya no cojos ni ciegos físicamente, sino mutilados espiritualmente por el pecado les está vedada la entrada a la presencia de Dios. David tenía una sola opción para cumplir con su promesa y hacer misericordia con Mefiboset: decir que ese hombre inválido y desechado por la sociedad, era de su familia…Así, nadie se opondría y echaría en cara las palabras de David. Para Cristo Jesús su parte del pacto fue más difícil…el pago por nuestra entrada al Reino de Dios, exigía que alguien pagara por mis pecados. Jesús lo hizo. Me convirtió no en alguien conocido, no en su amigo…me hizo su hijo con un entrar confiado al trono de Su Gracia.

De ser un inválido, un inútil, uno cuya mayor desgracia era la ignorancia de la misericordia infinita de Dios, he llegado a ser uno que a diario comparte el pan en la mesa del rey. Como Mefiboset, sigo sufriendo y llevando las consecuencias de tantos días vividos fuera de Su pactoAun así la vida para mí tiene un nuevo rostro: el del gozo de haber entendido que Dios siempre cumple sus promesas: el conocer que las dos partes del compromiso han sido cumplidas en y por Aquel que me amó y entregó su vida por mí.

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2 comentarios

  1. QUE HERMOSA REFLEXION – SOMOS COMO MEFIBOSET QUE IGNORA EL PACTO CON JESUS Y CUANDO LO CONOCEMOS NOS DAMOS CUENTA QUE HEMOS VIVIDO EN CEGUERA ESPIRITUAL COMIENDO LOS
    MENDRUGOS DE LA VIDA – CUANDO PODEMOS ESTAR EN LA MESA QUE EL SENOR JC COMPARTE CON NOSOTROS.

  2. gracias por los devocionales,estan siendo de mucha bendicion

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